¿Por qué se marean?

Más de la mitad de los niños de 2 a 12 años se siente indispuesto al viajar en coche. Antes de esa edad es más raro –viajan casi siempre dormidos-, y llegando a la pubertad, prácticamente todos dejan de marearse.

Este trastorno se produce porque los niños pequeños aún no tienen completamente desarrollado el sentido del equilibrio, lo que hace que sientan más las continuas  aceleraciones y desaceleraciones del vehículo, por lo que reciben señales contradictorias de diferentes centros sensoriales haciendo que se mareen con más facilidad.

Los principales síntomas son palidez, sudoración, malestar general, dolor de estómago y vómitos.

¿Qué hacer?

Antes de salir de viaje:

– Ventila bien el coche, sobre todo si se fuma en él. Pero evita usar un ambientador demasiado fuerte, ya que ese olor también les puede molestar.

– Si vas a comenzar el trayecto justo después de desayunar, no des a tu hijo leche, sustitúyela por un lácteo sólido como quesitos. Con los líquidos se vomita más fácilmente.

– Procura que no coma en exceso, no es bueno llevar el estómago lleno, aunque tampoco vacío.

– Puedes darle algún medicamento para el mareo. Los encontrarás en forma de chicles, jarabes, comprimidos, supositorios. Consulta a tu pediatra o a tu farmacéutico.

– Prepara una bolsa con ropa para cambiarle por si vomita y se mancha. También debes llevar algún limpión  y agua por si ensucia el coche. Viajar con ese mal olor, además de desagradable, puede provocar que le vuelvan a entrar ganas de devolver.

– Lleva en el coche, a mano, una bolsa o un cubo donde pueda vomitar si le entran ganas
Una vez en marcha:
– Siempre que sea posible, siéntalo  en la parte central del coche (es el lugar que menos se mueve).

– Deja una ventanilla ligeramente abierta, así permites que el aire se renueve.

– No fumé en el coche, el olor probablemente le revuelva el estómago.

– Prepara varias actividades para realizar durante el trayecto para que se mantenga ocupado. Juegos, adivinanzas, canciones… pero ninguna que incluya leer, esto suele marear a los niños.

– Dile que no mire a los lados y que mantenga la vista fija en algún punto del horizonte que esté delante del coche. Teniendo una referencia visual fija, marearse es más difícil.

– Conduce con suavidad, evitando los frenazos bruscos. Si pasas en una zona de curvas, tómalas sin brusquedad y lo más despacio que puedas.

– Evita el calor excesivo dentro del coche, no pongas la calefacción demasiado fuerte en invierno.

– Para cada 2 o 3 horas, aparte de ser bueno para que descanse el conductor, permitirá al niño estirar las piernas y airearse.

– Y, siempre, estar  muy pendiente de él, de si se queja, se empieza a encontrar mal o está más pálido de lo normal. Ante cualquier señal de alarma, mejor parar un rato y descansar.

Tomado de https://www.todopapas.com/ninos/cuidados-infantil/como-evitar-que-se-maree-en-el-coche-1244

 

Establecer un sitio apropiado para hacer los deberes: No tiene por qué ser en un escritorio o en su habitación, pero sí debe respetarse que sea siempre el mismo, que esté bien iluminado y que allí el niño tenga acceso a todo lo necesario para realizar sus tareas. También, que sea un lugar sin distracciones, que le permita concentrarse y q , con el paso del tiempo, se llegue a asociar con el estudio. Es clave que, mientras se dedica a sus deberes, el pequeño no tenga acceso ni al teléfono ni a la televisión.

 Fijar un momento del día: Al igual que con el lugar, también hay libertad para optar por cuál será el momento dedicado a los deberes. Pero una vez elegido, se debe cumplir. Esto contribuye a crear hábitos de estudio y disciplina, y también ayuda a evitar discusiones; cuando llega la hora, toca hacer los deberes. Lo más recomendable es que sea temprano, después de un rato de distracción tras volver de la escuela. Cuanto más tarde se haga, el niño estará más cansado y tendrá menos ganas, le costará más y los resultados serán peores.

 Si se establecen reglas y horarios, ser firmes en su cumplimiento: Este punto está muy relacionado con los dos anteriores. No quiere decir que haya que ser inflexibles de un modo radical, pero sí que se note que, cuando no se cumple con un horario, se trata de una excepción.

Acompañar a los niños mientras hacen las tareas: Acompañarlos significa estar cerca de ellos, pero no encima, ni mucho menos “hacerles” los deberes. Dejar que los niños realicen sus actividades del modo más independiente posible es una forma de reconocer su autonomía, su inteligencia y su capacidad de hacer las cosas por sí mismos, aunque no salgan perfectas. Esta actitud les ayuda mucho en el aprendizaje de gestión de sus responsabilidades y fortalece su autoestima.

 Predicar con el ejemplo: Esto es muy positivo: que el adulto, siempre que sea posible, haga sus propios “deberes” a la vista del niño, mientras este hace los suyo: cálculos relacionados con la economía hogareña, revisión de facturas u otros papeles, leer un libro, etc. Será una motivación extra por dos motivos: por un lado, porque los pequeños siempre intentan parecerse a sus mayores, y por otro, porque es una excelente manera de demostrarles que lo que aprenden ahora les servirá para su vida en el futuro.

 Estar atentos para ayudar, sobre todo si el niño se atasca con la tarea: La manera, por supuesto, no es hacer la actividad por él, sino darle alguna pista para acercarlo a la solución correcta. Otra posibilidad, si el pequeño está estresado debido a la dificultad de los deberes, es darle un respiro: que se tome un recreo para despejar la mente y vuelva a intentarlo.

Más que enseñar, dar instrumentos para pensar: En muchas ocasiones los mayores podrán aclarar las dudas de los estudiantes, pero tal vez no siempre puedan hacerlo. En tales casos, no hay que agobiarse: el rol de los padres es acompañar a los hijos y proporcionarles ideas, instrumentos para pensar y buscar alternativas. No es conveniente regañarlos por no haber resuelto las dudas en la clase, sino alentarlos para que en la siguiente no olviden hacerlo.

Revisar los deberes hechos: Esto no solo supone una primera instancia de corrección, sino también una demostración de interés por parte del adulto hacia las actividades del pequeño, lo que para el menor resulta fundamental por la motivación que representa. La revisión siempre debe comenzar por destacar lo positivo: las cosas que el niño ha hecho bien, los avances y mejoras que se detecten, etc. Esto será tomado por el estudiante como un reconocimiento por su trabajo y lo animará a seguir adelante. Después sí será momento de mencionar los errores o fallos cometidos, sin dramatismos ni exageraciones. Por graves que sean, son faltas que se pueden corregir y forman parte del proceso de aprendizaje.

Evitar las “recompensas” por hacer los deberes: Una cosa es la motivación y otra la promesa de un premio a cambio de que el niño haga sus tareas. Con una oferta de este tipo, se corre el riesgo de que la situación se desnaturalice y el pretendido premio se convierta en una especie de “soborno”. Lo más apropiado es que las motivaciones y los incentivos sean de otra clase.

Hablar de los deberes escolares con términos positivos: La connotación de las palabras es fundamental en este sentido: si los padres se refieren a los deberes con expresiones que lo presentan como un castigo, algo malo o aburrido, seguro que los niños los vivirán de esa manera. Por eso siempre lo adecuado es que, cuando se hable de las tareas, se haga con palabras “buenas”, que destaquen lo mucho que el niño aprenderá, para qué le servirá en el futuro, lo interesantes que pueden ser los conocimientos.

Tomado de http://www.consumer.es/web/es/bebe/ninos/mas-de-4-anos/2012/05/23/209750.php

En estos meses el bebé comienza a asumir el reto de la independencia y la curiosidad aumenta su capacidad de aprendizaje.

En estos meses el bebé comienza a asumir el reto de la independencia y la curiosidad aumenta su capacidad de aprendizaje.

El niño desarrollará más equilibrio; por lo tanto, se arriesgará a correr, saltar, trepar, brincar, subir e incluso bajar escalones con apoyo.

Reconocerá los sonidos y la música moverá su cuerpo. Intentará bailar o palmotear siguiendo una melodía .

Este es el momento de comunicarse y para eso el bebé reduce los gestos. En el mes 19 intenta imitar vocablos, luego hará frases cortas, cambiará el orden de las palabras y llegando a los dos años, formará algunas oraciones compuestas muy sencillas.

En los meses posteriores hará preguntas, así no pronuncie bien, lo normal es que utilice 100 palabras.

El reto es hacerse entender y lo logrará poco a poco. Primero identificará su nombre, luego el de los distintos objetos. Finalmente, reconocerá algunos colores y diferenciará tamaños.

Comenzará a expresar sus emociones y así como se inician las rabietas, también el bebé demostrará afecto a través de caricias y besos.

El niño aprenderá a mostrar placer al compartir la mesa y las actividades con otros niños. Jugará, halará, lanzará y arrastrará objetos, además usará los pies para empujarse en un triciclo, podrá clasificar las figuras geométricas y jugará a la pelota. Al llegar a los dos años, el niño puede ayudar a quitarse la ropa y mover su cuerpo con mayor voluntad.

TOMADO DE http://www.abcdelbebe.com/etapa/nino/12-a-24-meses/comportamiento/el-camino-la-independencia

Todos los papás temen esos inesperados llantos, gritos y pataletas. Probablemente has pedido consejos o leído manuales para evitarlos pero ¿has contado las veces en las que frente a él reaccionas intensamente, peleas con tu pareja o pierdes el control cuando las cosas no salen como las planeas? ¿Tú los controlas o los fomentas?

Dueña de tus impulsos

La personalidad de un niño se desarrolla a través de las actitudes, los valores y las costumbres que aprende en casa. Por eso es indispensable que reciba un ejemplo que le permita crear un buen modelo de socialización a partir de la inteligencia emocional. Ésta se refiere a la capacidad de controlar impulsos, expresarte adecuadamente y comprender a los demás.

Es la manera en la que te relacionas y entiendes el mundo según tus actitudes y consta de cinco elementos:

  • Autoconocimiento: ser consciente de tus debilidades y fortalezas, así como identificar tus estados de ánimo y las consecuencias que tienen en su conducta.
  • Empatía: percibir y comprender las preocupaciones de quienes te rodean y responder a ellas.
  • Autocontrol: reconocer y canalizar tus reacciones para evitar una conducta indeseada o transformarla en algo positivo.
  • Habilidades sociales: emitir mensajes claros y convincentes, inspirar, dirigir, solucionar conflictos y trabajar en equipo.
  • Automotivación: utilizar pensamientos, experiencias y actitudes como la iniciativa, la tenacidad y el optimismo para fijar metas y superar obstáculos.

En la medida en la que logres el equilibrio te será más fácil entenderlo, poner límites y ayudarlo a adquirir este aprendizaje. Recuerda que los berrinches surgen porque lo que siente es todavía más fuerte que su destreza para manejarlo.

 

 

¿Qué debes hacer?

  • Identifica y dale nombre a las emociones. Más allá de decir “estoy bien o mal”, especifica si te encuentras triste, enojada, temerosa o alegre y serás más responsable de lo que te afecta.
  • Enfrenta positivamente tus impulsos. Siempre que hables sobre un problema, plantea la solución.
  • Toma en cuenta la opinión de otros. Aunque no te guste lo que te digan, pueden hacerte ver tus equivocaciones y ayudarte a corregirlas.
  • Sé coherente. Encárgate de que aquello que pienses, digas y hagas sea lo mismo entre sí para mantener tu credibilidad Ponlo en práctica.
  • Dedícale tiempo. Al constatar que lo que piensa y dice es importante para ti, fortalecerás su autoestima y seguridad de externarlo todo.
  • Elogia sus buenas actitudes. Felicítalo cada vez que las tenga; al ver que estás orgullosa de él, le será más fácil distinguirlas y repetirlas.
  • Háblale con la verdad. Por complicado que sea, merece saber qué sucede; cuando mientes, le niegas la oportunidad de enfrentar el estrés o la ansiedad.

Tácticas antirrabietas

  • Reconoce lo que está experimentando ante ti. Hazle saber que entiendes por lo que pasa, ya que cuando lo validas, haces que distinga la situación.
  • No lo complazcas. Ayúdalo a entender que no siempre se saldrá con la suya y que con esa actitud no alcanzará sus objetivos.
  • Reprende su conducta. Si es menor de dos años, no le prestes atención. Si es mayor retírale los privilegios y anúnciale las medidas que tomarás.

TOMADO DE  http://www.bbmundo.com/bebes/veinticuatro/berrinches-los-controlas-o-los-fomentas/

 

 

Cuando tu bebé comienza a descubrir el mundo, necesita estímulos y motivación que le ayuden a aprovechar sus capacidades. Sin embargo, puedes olvidar la contraparte que también es fundamental: aprender a estar solo y calmarse.

Debes buscar equilibrio en sus actividades porque al recibir información sin parar de la mañana a la noche se sentirá cansado y aburrido, de hecho, podría sentirse agobiado y rechazar cualquier instrucción o invitación a practicar algo nuevo. Cuando se le satura, no puede procesar ni lograr un aprendizaje real. Al contrario, su pensamiento se dispersa y es posible que sienta frustración y hastío. Por eso, la combinación de ambos aspectos es la clave para obtener los mejores resultados.

Te decimos cómo enseñarlo a relajarse

  • Descanso: Relajar a un bebé a veces es más complicado que estimularlo. Hay que crear un puente entre la actividad y el descanso para que el nivel de energía vaya bajando.

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  • Música suave. Haz que escuche sonidos agradables. La clásica o la que tiene sonidos de la naturaleza son opciones recomendables. También puedes cantarle
  • Baño tibio. Sumérgelo en el agua poco a poco. Para que se sienta mejor, acarícialo suavemente

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  • Movimientos rítmicos. Mécelo o dale palmadas en la espalda siguiendo una cadencia repetitiva que le dé confianza y lo ayude a liberar tensión
  • Sueño reparador. Programa actividades de reposo antes de ir a la cama, como leerle, bañarlo o dar un paseo ligero
  • Masaje relajante. Frota su piel para aliviar molestias musculares e incluso cólicos
  • Déjalo jugar solo al menos una vez al día (siempre cuidándolo de lejos); de esta forma encontrará maneras de tranquilizarse aun cuando no estés, además de preparar el camino para que sea independiente y autónomo.

TOMADO DE http://www.bbmundo.com/bebes/seis-doce/ensenalo-a-relajarse/

  1. Tú eres su mejor estimulante

Los padres son los actores principales a la hora de favorecer el desarrollo de los procesos emocionales, cognitivos y psicomotores de sus hijos en los primeros años de vida. De hecho, su acompañamiento desde el nacimiento con palabras de aliento, muestras afectivas y frases que valoren sus esfuerzos, los impulsan a continuar mejorando y les demuestran que detrás de ellos hay alguien que confía en sus capacidades.

Esto es esencial para que el niño se sienta seguro de desarrollar todo su potencial día a día. Por eso, los padres deben procurar que en las rutinas, desde el cambio del pañal de su bebé hasta cuando está listo para caminar y luego para ir al colegio, todos los momentos que compartan sean parte de un juego de exploración y de autoconocimiento en el que al niño se le facilite descubrir su entorno y sentirse seguro de sí mismo. Esto, a futuro, será favorable para sus procesos de autonomía y crecimiento.

  1. Desde los primeros días

Una de las primeras formas de estimularlo es recurrir a los masajes, que establecen un contacto piel a piel a través del cual se fortalece el vínculo con sus padres; se incrementan la seguridad, tranquilidad y autoconfianza del niño, al tiempo que se le permite sentir y descubrir todas y cada una de las zonas de su cuerpo, siempre y cuando se le hable y se le hable  con amor.

En los siguientes meses se le deberá facilitar la estimulación sensorial a partir de la exploración de múltiples texturas, sonidos e imágenes, mediante juegos con objetos simples, ejercicios de coordinación corporal y actividades que le ayuden a reconocerse como un ser único en el mundo. Esto puede ser mirarse en un espejo o escuchar que es llamado por su nombre.

  1. Para conocer a otros y a sí mismo

Otra área que requiere gran estimulación es la socio-afectiva, que son las experiencias afectivas y de socialización que le permiten al niño sentirse seguro y capaz de relacionarse con los demás a partir de ciertas reglas comunes. Durante el proceso de desarrollo entre los 0 meses y los 10 años, existen distintos momentos que están mediados por los tipos de comunicación y los ambientes de confianza que los padres o cuidadores primarios establecen con el niño.

Esto les permite ser cercanos en todo momento, brindarle al niño su apoyo en las situaciones que él perciba como frustrantes y estresantes, o aquellas que le generen miedo e inseguridad. Así se facilita que el niño logre afrontar de una manera sana tales experiencias, exprese sus emociones e intente buscar soluciones a los conflictos que se le presenten.

  1. A mover el cuerpo

La motricidad gruesa tiene que ver con los grandes movimientos del cuerpo, de sus piernas y brazos, además de los cambios de posición y la capacidad de mantener el equilibrio; es decir, son las habilidades que va obteniendo el niño para moverse y controlar su fuerza, agilidad y velocidad, y por lo tanto son de vital importancia en el crecimiento integral del menor. En este sentido, las actividades de estimulación deberán, en cada etapa, procurar que el niño realice movimientos de todas las partes de su cuerpo.

Para ello se debe dedicar tiempo para ir al parque, jugar con una pelota, saltar el lazo y hacer juegos de equilibrio que le exijan al niño un esfuerzo físico, así como coordinación entre sus miembros o extremidades. Igualmente, es esencial motivar al niño a manipular juguetes de diferentes formas, tamaños y texturas, a llevarlos de un lado al otro y arrástralos o empujarlos, a alcanzar cosas que estén a diferentes alturas, entre otros ejercicios.

  1. Los libros, los mejores aliados

Desde antes de nacer, los niños ya pueden tener contacto con la lectura. Y qué mejor que esta se dé a través de la voz de su mamá o de su papá, quienes pueden leerles o contarles cuentos con todo su cariño y amor.

Es más, aún sin saber leer, los bebés pueden estar en contacto con libros que sean fáciles de manipular, que tengan muchas ilustraciones y que puedan ojear a su antojo. Por eso, para que el bebé de hoy sea un muy buen lector el día de mañana, el ejemplo debe comenzar en casa. Si los bebés y los niños ven a sus padres leyendo de forma placentera y como un hábito diario, también les tomarán amor a los libros. En este sentido, se recomienda reservar diariamente un tiempo para la sesión de lectura y dejar que sea el niño el que escoja el libro que desee leer.

  1. Aprendiendo con precisión

El desarrollo de las habilidades de motricidad fina es otro de los campos decisivos para el niño. Se hace presente cuando el pequeño descubre sus manos, comienza a tocar objetos en su ambiente y a manipular su entorno con mayor precisión. De hecho, esto se relaciona con la coordinación entre los ojos y las manos.

camisa, a subir la cremallera o amarrar los cordones. Así mismo, de los 4 años en adelante los padres pueden incitar en sus pequeños recortar y pegar figuras, elaborar manualidades sencillas y armar rompecabezas o figuras con fichas.

  1. ¡Hora what do buying anadrol online in usa and its effect on the de números y letras!

El área cognitiva es la que le permite al niño comprender y relacionar conceptos, solucionar problemas y adaptarse a nuevas situaciones mediante el uso del pensamiento y la interacción directa con los objetos y con el mundo que lo rodea. Para que se dé el desarrollo de esta área el niño necesita experiencias que eleven sus niveles de pensamiento y su capacidad para razonar, concentrarse y seguir instrucciones, lo que ocurre desde los primeros meses de vida y que evoluciona y se complejiza con el paso del tiempo.

Esto hasta que, en la etapa escolar, el pequeño adquiere competencias y habilidades específicas en matemáticas y lectoescritura, que le permiten ir desarrollando procesos cognitivos que estructuran su pensamiento. Esta área se puede estimular por medio de juegos que impliquen para el niño prestar atención, concentrarse y hacer memoria; examinar formas, tamaños y colores; contar o describir objetos, o plantearse preguntas sencillas sobre sus actividades cotidianas o sobre lo que observa a su alrededor.

  1. Bailar y cantar para estimular los sentidos

La música impacta varias áreas de desarrollo de los niños y les ayuda a potencializar destrezas a partir de la diferenciación entre sonidos, ritmos y movimientos. Por ello expertos en estimulación la destacan como uno de los mejores estimulantes.

La iniciación musical puede empezar en la etapa de gestación, cuando la madre escucha música ole canta a su barriga. De hecho, el primer órgano de un bebé que se desarrolla es el oído, de modo que los latidos del corazón, la respiración y la voz dela mamá son las primeras composiciones musicales que el niño escucha.

  1. Manchas y dibujos, creatividad colorida

La pintura estimula la creatividad, la sensibilidad y la comunicación; además aumenta las capacidades de concentración y expresión en los niños, disminuye la ansiedad, y ayuda a expresar miedos y expectativas. A nivel físico, dibujar ayuda a perfeccionar la habilidad manual, especialmente la motricidad fina, y también mejora la percepción que se tiene del espacio y de las texturas y los colores.

En este sentido, los padres pueden animar a sus pequeños a dibujar ciertas formas o animales, ofreciéndoles apoyo y sin presionarlos ni fijarles límites. Se les debe permitir escoger los colores que quieren y que hagan las formas que le plazcan para que exploren su imaginación y creatividad. Para niños entre 3 y 5 años, una de las alternativas es los libros para colorear, que están preparados para que pinten y encuentren referencias entre flores, animales y personajes.

 

  1. Experimentar lo cotidiano, otra forma de aprender

Prácticamente todas las actividades de un niño en formación van a estimular en algún grado el desarrollo de sus habilidades futuras, por lo que varios expertos coinciden en que el estímulo llega al pequeño de manera natural. El rol de los padres es acompañarlo en ese camino y facilitarle el proceso, haciendo que las actividades más simples y cotidianas se conviertan en juegos de exploración.

Por eso, una buena manera de estimularlo es hacerlo partícipe de actividades del día a día como doblar la ropa, guardar cosas en los cajones, preparar recetas, lavar los platos y organizar su propia habitación, ya que en este proceso habrá experimentado con diversas texturas y formas, habrá encontrado problemas y soluciones, y habrá tenido posibilidad de interactuar con el rol de adulto, algo que les despierta una enorme curiosidad.

Tomado de http://www.abcdelbebe.com/etapa/bebe/6-a-12-meses/desarrollo/actividades-de-estimulacion-temprana-para-bebes-y-ninos

Los bebés lloran más de lo que ríen. Algunos estudios demuestran que, por razones de maduración neurológica, reconocen la incomodidad antes que la alegría, debido a que el llanto funciona como una llamada de alerta para que respondan a sus necesidades.

Desde el inicio, tu hijo empieza a tener comunicación facial y corporal que los adultos interpretamos como “está feliz,” “está triste” o “está enojado”, pero es hasta los seis meses cuando se da una relación más clara entre sus expresiones y las emociones que está experimentando.

Dos años en adelante

Alrededor de esta edad ya es más fácil identificar si un niño es feliz porque sonríe, juega, muestra curiosidad por conocer su entorno, parece interesarse cuando se encuentra con otros niños pequeños y no necesita la atención permanente de los adultos a su alrededor.

Los niños felices también tienen problemas, lloran cuando están tristes y a veces hacen berrinches, pero lo más importante es que han aprendido a levantarse cuando caen, se sienten seguros y confiados del amor de sus padres y, por lo regular, se divierten y disfrutan las actividades que realizan.

Sabrás que vive pleno si:

  • Está en constante movimiento: mientras más lo hace, más aprende
  • Duerme bien, se levanta con energía y con ánimos de enfrentar un nuevo día
  • Come con buen apetito y generalmente le gusta probar de todo
  • Mantiene su interés en una actividad aunque ésta sea difícil; sabe pedir ayuda cuando descubre que no puede
  • Es sociable y tiene amigos de diversas edades
  • Distingue y expresa sus emociones
  • Confía en los adultos y es capaz de experimentar sentimientos como gratitud y bondad
  • Tolera la frustración, disfruta los nuevos retos y se siente orgulloso de sus logros

Tomado de http://www.bbmundo.com/comunidad/blogs/tu-hijo-es-feliz/

Los miedos infantiles forman parte del proceso natural de crecer, aun así, no hay que minimizarlos. A veces pueden resultar útiles para saber qué les está pasando a nuestros hijos para poder ayudarles a afrontar cualquier problema con normalidad. Por lo general y, según dicen los expertos en psicologíatodos los niños sufren episodios de miedo durante su crecimiento. Algo natural si tenemos en cuenta que el miedo es una reacción fisiológica que tiene por objetivo preservar nuestra vida.

¿Cuáles son sus temores habituales?

Muchos niños empiezan a sentir miedo ante situaciones que desconocen tales como:

  • Dormir solos
  • Ir a la guardería o a la escuela
  • Quedarse con personas desconocidas
  • Ir al médico
  • Pesadillas
  • La oscuridad

Por lo general estos miedos van reduciéndose con el tiempo, y es necesario que los tomemos en serio, es decir, no nos burlemos de ellos y les acompañemos con cariño y ternura a racionalizarlos y a superarlos.

Miedos según la etapa vital del niño

  • Primera infancia (6 meses a 2 años):temen a los desconocidos, sienten ansiedad cuando los padres se ausentan.
  • Etapa preescolar (2 a 6 años):empiezan a sentir miedos imaginarios fantasmas o monstruos, así como el miedo a los animales.
  • Etapa escolar (de 7 a 11 años):empiezan a sentir miedo a cerca de cosas más realistas tales como ir al médico, al dolor físico, a las heridas. Los miedos pueden acrecentarse en esta edad si no hay un ambiente familiar estable (muerte de un progenitor, divorcio, traslados de domicilio, etc…)
  • Pre-adolescencia (12 a 14 años):se reducen los miedos anteriores y ahora les afectan más los del entorno social más inmediato, miedo al fracaso escolar, a no ser bien considerado por los profesores o amigos, al bullying o acoso escolar, a no ser guapos o tener suficiente éxito social.
  • Adolescencia (15 a 18 años):se diluyen los miedos anteriores y ahora todos los miedos son referentes a los logros personales, sociales y académicos.

¿Cómo ayudar a nuestros hijos a superar los miedos?

  • No burlarse, ni reñirles, ni obligarles a cambiar de actitud,sino que debemos explicarles qué es el miedo y cómo pueden superarlo. Para ello deberemos hablar con ellos y averiguar qué les preocupa y juntos encontrar la forma de evitarlo, siempre con paciencia y asertividad.
  • Hablar de la situación con cariño, ternura y naturalidad. Se empática, dile que a ti también te pasaba y qué hiciste para superarlo. Asegúrate de que a tu hijo le parece una buena opción y si no, buscad juntos la solución que deje al niño más tranquilo.
  • Pasa tiempo con tu hijo y ante una situación que le de miedo ofrécele tu apoyo incondicionaly explícale de forma tranquila y cariñosa por qué su miedo es infundado.
  • Ayúdale a vivir el momento presente haciendo meditación, respiraciones, recordar cosas divertidasque hables  hecho juntos, explicando por qué no debe sentir miedo ante esa situación.
  • Si te parece que el miedo está fuera de control, no esperes más y consulta con un psicólogo. La orientación a tiempo es vital para reconducir la situación.

Tomado de: http://www.enfemenino.com/bebes/miedos-infantiles-s1998964.html

Cuando los niños empiezan a ir a la escuela infantil o a la guardería por primera vez, generalmente son días complicados. Para muchos de ellos puede suponer un gran trauma debido a todos los cambios que se producen en su vida.

Todavía son muy pequeños y no están preparados para enfrentarse a la separación del lado de sus padres. Esta es una situación emocional que les provoca sentimientos de miedo y ansiedad. Actitudes como negarse a acudir al centro, llorar o patalear son reacciones de ansiedad muy comunes durante el periodo de adaptación.

Cómo saber si el bebé no se adapta a la escuela infantil

Durante los primeros días es normal que el niño tenga reacciones de ansiedad. Incluso los padres se sienten culpables cuando dejan a su hijo llorando ya que piensan que están “abandonándole”.

La ansiedad que se produce en los niños es normal. Al ser tan pequeños no tienen una percepción clara del tiempo, por lo que cuando los padres se separan de él piensa que esta separación será para siempre, lo que le provoca mucha angustia. El problema viene cuando el niño no supera este miedo, ni esta ansiedad. No se acostumbra a los cambios con la ayuda del periodo de adaptación. Hay niños a los que la adaptación les cuesta más y a otros a los que no les resulta efectiva nunca.

Hay conductas que nos pueden mostrar la existencia de problemas en la adaptación:

– El niño se muestra excesivamente dependiente de sus padres. Es normal que los primeros días el niño se aferre más su acompañante. El problema viene cuando esta dependencia excesiva no disminuye en el tiempo.

– El niño muestra retrocesos en su desarrollo. Se vuelve a hacer pis, quiere el chupete o se chupa el pulgar, entre otros. Estos son retrocesos eventuales que pueden ser síntoma de una mala adaptación cuando se mantienen semanas después e, incluso, se intensifican. Algo muy significativo es que empiece a comer mal o vuelva a pedir biberón.

– Cambios de carácter. Se vuelve más callado, tristón, llora con facilidad durante todo el día, no juega, se muestra apático, además contesta, desobedece continuamente…. Nos está queriendo decir algo.

– Problemas de sueño. Requiere tu presencia para poder hacerlo, tarda en dormirse yse despierta con frecuencia durante la noche. No logra asimilar las experiencias vividas durante el día.

Cuando el niño muestre varias de estas conductas es conveniente analizar la situación y después buscar soluciones entre todos. Padres y escuela.

Cómo favorecer la buena adaptación del bebé a la guardería

Este periodo es algo difícil para los niños. Por ello, y para que no se agrave el problema, los padres pueden favorecer al niño en esta etapa siguiendo algunos consejos. Que podamos ponerlos en marcha dependerá de la normas del centro donde llevemos a los niños. Muchas escuelas son muy rígidas en sus pautas a la hora de hacer la adaptación y otras más flexibles.

– En los primeros días pueden compartir el espacio del aula con ellos.

– Ir poco a poco. Cada día pasar más tiempo aumentando el horario al ritmo del niño, teniendo en cuenta que cada niño tiene sus propias necesidades.

– Que exista un trabajo conjunto entre familia y escuela.

– Mostrarnos optimistas y seguros ante el niño sobre su incorporación a la escuela infantil.

– Que el niño sea partícipe de la situación. Darle tareas y rutinas como elegirse la ropa, prepararse la mochila, etc.

– Entablar una relación de confianza con el educador del niño para poder plantearle inquietudes y preguntas

 

Tomado de http://www.guiainfantil.com/bebes.htm

 

Las siestas son fundamentales para el desarrollo físico y mental de los niños, ayudan a reponer energías e impiden que caigan en estados de agotamiento, mejoran su concentración e índice de atención, además de que los hacen más flexibles y con menos episodios de berrinches.

Cuando un niño ha dormido un par de horas durante el día o la tarde, lo hará mejor y más tranquilo por la noche. De no hacerlo, si termina el día demasiado cansado, es muy probable que ese agotamiento se traduzca en estrés, hiperactividad o irritabilidad, incluso tendrá dificultad para conciliar el sueño y podría despertarse durante toda la noche.

¿Cuál es el horario ideal para las siestas?

El mejor momento para tomar la siesta es a media mañana y lo menos recomendable es que duerma pasadas las tres o cuatro de la tarde.

Debes dejar pasar al menos cuatro horas entre el fin de la siesta de la tarde y la hora de acostarse por la noche.

Si tu hijo toma sólo una siesta, lo más conveniente es que lo haga entre el mediodía hasta las 02:30, justo después de la comida. Si sientes que requiere cambiar o modificar sus tiempos de sueño, obsérvalo un par de días para ver el momento justo en que está somnoliento, y ajusta los horarios como mejor le convengan a él y a ti.

Cabe señalar que algunos toddlers se resisten y presentan más problemas, al igual que los niños que están en la transición de dos siestas a una, quienes prefieren estar activos que relajarse pues piensan que perderán tiempo valioso si eligen dormir. Si sufres este problema con tu hijo, no insistas, ya que no puedes obligarlo a que duerma. Mejor habla con él e invítalo a su habitación para que juegue tranquilo.

 

¿Cómo saber si necesita una siesta?

  • Pierde interés en los juegos o en las actividades escolares.
  • Talla constantemente sus ojos e incluso las orejas.
  • Tiene la mirada vidriosa.
  • Esta irritable  o demasiado exigente.
  • Es impaciente.
  • Hace  berrinches sin motivo alguno.
  • Se queda dormido durante trayectos o mientras ve la televisión.
  • Despierta contento pero al pasar las horas se pone malhumorado.
  • Está adormilado todo el día.

Cuándo detener las siestas

Saber cómo y cuándo fomentar el reposo extra es igual de importante que advertir el momento en que debemos parar estas horas de sueño. Cuando los niños están listos para dejar de dormir, disminuyen gradualmente cada siesta o empiezan a saltárselas poco a poco. Otras señales que indican que ya no las necesitan son:

  • Está inquieto y agitado cuando intentas que descanse
  • Si pierde un periodo de sueño no muestra señales de agotamiento
  • Cuando duerme durante el día se le dificulta conciliar el sueño en la noche

Organizar sus siestas para que tenga la recarga de energía y el descanso necesario no tiene por qué ser una tarea agobiante para ninguno de los dos. Recuerda que una rutina simple ayudará a que se sienta más dispuesto a detener sus actividades e ir a la cama.

Tomado en http://www.bbmundo.com/bebes/seis-doce/cuantas-siestas-debe-dormir-un-bebe/

El chupete , según la escritora Maite Vallet en ‘Educar a niños y niñas de 0 a 6 años’ proporciona a los niños una sensación placentera durante la etapa en la que persiste el instinto de succión, pero la acción de succionar se asocia al hecho de alimentarse y no al de conciliar el sueño.

Desde el principio de su vida, cada vez que lloran o necesitan dormir, les metemos algo en la boca.

Les acostumbramos a dormirse succionando. Sin embargo, no necesitan succionar, no necesitan alimentarse. Necesitan conciliar el sueño.

Si hemos habituado a nuestro hijo a utilizar el chupete, debido a la deformación que produce su uso prolongado, tenemos que decirle que debe «despedirse de él». No le consultamos si quiere dejarlo, sino que le explicamos que tiene que dejarlo: «Ya no tienes edad para usar chupete.

 

¿Cómo dejamos el chupete?

Dejar el chupete no tiene por qué ser traumático, pero a algunos niños les cuesta especialmente. Se enganchan a él para calmar sus ansiedades, igual que otros niños abrazan un osito. El problema es que el chupete deforma su paladar.

Tendremos que ayudarle a desprenderse de él, igual que a otros niños tendremos que ayudarles a desprenderse del biberón, de su osito, de su almohada o de su mantita.

El niño acepta esos desprendimientos si le enseñamos a dejar el objeto del que se debe desprender lo antes posible. Los niños dejan sus objetos de compañía antes de día que de noche. A medida que crecen y adquieren seguridad en sí mismos, dejan los objetos que les proporcionaban un sucedáneo de seguridad afectiva. Pero, si por el motivo que sea, han prolongado excesivamente el uso de determinados objetos, les tenemos que ayudar a dejarlos.

Mucho cariño y comprensión

Es importante contar con el niño y que sepa que le estamos proponiendo algo que puede conseguir, aunque le cueste. Así el niño tiene con nuestra comprensión y nuestro apoyo, animándole a dar un paso más en su proceso de crecer.

El chupete no desaparece, él lo deja, lo tira a la basura, se desprende de él porque le está perjudicando. Nosotros le ayudamos a dar el paso, animándolo. Hay que aceptar que le cueste y no volverle a dar ningún chupete cuando se ha desprendido del suyo. En pocos días se habitúa.

 

Consejos para desprendernos del chupete

  • Para ayudar al niño adesprenderse del chupete:
  • Dejarlo, paulatinamente, primero a la hora de lasiesta, después por la noche.
  • Proponer una fechapara dejarlo.
  • Dejar que sea el niño quien se desprenda delchupete, no escondérselo.
  • Aceptar que al niño le cueste dormirsin él los primeros días.

Tomado de http://www.bebesymas.com/consejos/ideas-economicas-para-fiestas-de-cumpleanos-infantiles

 

 

El juego es fundamental en el desarrollo de los niños y basta con observarlos para ver la felicidad que les reporta practicarlos. El juego aparece ya en los primeros meses de vida, niños de menos de 1 año juegan a dar palmas, a esconderse y a reaparecer con el clásico (cu – cú). En un principio es el adulto quien dirige el juego pero al poco tiempo se invierten los papeles y es el niño el que sorprende al adulto ocultándose.

A partir de los dos años el niño empieza a ser capaz de representar objetos que ya no están presentes empezando así los juegos simbólicos: jugar a “como si…” sí fuésemos mamá… lo importante no son los objetos sino lo que éstos representan. Alrededor de los siete años empiezan a surgir los juegos de reglas, el escondite, el fútbol, parchís…empezando el niño a darse cuenta que las reglas pueden ser pactadas y acordadas, pero que una vez pactadas no se pueden infringir.

Las canciones también pueden ser un juego para los niños por eso, queremos recordarte algunas de las más populares que además te transmitirán directamente a tu más tierna infancia
A través del juego el niño observa, experimenta, descubre, aprende, desarrolla su imaginación, le ayuda a comprender y percibir el entorno que le rodea, le permite conocerse mejor a sí mismo y a establecer vínculos afectivos… las posibilidades y beneficios que brinda el juego son infinitas. Constituye por tanto un desarrollo de la madurez, una manera de practicar los instintos antes de que estén desarrollados, fomentando el propio desarrollo cognitivo y afectivo de los niños.

¿Qué beneficios tiene el juego en cada una de sus etapas?

Juego de ejercicio funcional:
>Desarrollo sensorial.
>Coordinación de los movimientos.
>Desarrollo del equilibrio.
>Interacción social con el adulto.
>Coordinación óculo-manual.

Juego Simbólico:
>Comprender y asimilar el entorno que les rodea.
>Desarrollar el lenguaje pues empiezan a auto-verbalizar mientras juegan.
>Desarrollo de la imaginación y la creatividad.

Juego de Reglas:
>Fomenta la socialización, a través de las reglas y el respeto a las mismas. Se gana o se pierde.
>Aprendizaje de habilidades.
>Desarrollo del lenguaje, memoria, reflexión y la atención.
¿Cuáles son los juegos más apropiados para cada edad?

>Niños de 0 a 24 Meses: los mejores juguetes son aquellos que implican movimiento como pueden ser marionetas, o juguetes animados.

>Niños de 3 a 4 años: todos aquellos juguetes que promuevan la imaginación, disfraces, casitas, trenes, coches.

>Niños de 36 a 6 años: Esta es la etapa propicia para la imaginación. Lo ideal son juguetes como puzzles, rompecabezas, pinturas, instrumentos de música.

>Niños a partir de los 7 años: juegos de mesa como el ajedrez, parchís, las cartas o también juegos al aire libre que implique el juego en grupo, puede ser el fútbol, el escondite.

A través del juego el niño observa, experimenta, descubre, aprende, desarrolla su imaginación, le ayuda a comprender y percibir el entorno que le rodea, le permite conocerse mejor a sí mismo y a establecer vínculos afectivos… las posibilidades y beneficios que brinda el juego son infinitas. Constituye por tanto un desarrollo de la madurez, una manera de practicar los instintos antes de que estén desarrollados, fomentando el propio desarrollo cognitivo y afectivo de los niños.

Etapas fundamentales en el desarrollo del juego (según Piaget)

1- Juego de ejercicio o funcional (0-2 años): desarrolla actividades por el simple placer de realizarlas, como por ejemplo el juego de “Los cinco lobitos”, coger y lanzar objetos.
2- Juego simbólico o de representación (2-6 años): es la fase en la que el niño asimila la realidad, como por ejemplo representar con los juguetes situaciones reales o imaginarias.
3- Juego de reglas (6-12 años): se integran y combinan las destrezas adquiridas anteriormente. Por ejemplo juegos de mesa.

 

Tomado de  www.esaludmental.com

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